Sobrevivir a julio

El primer obstáculo a superar de alguien que se dedique a crear y que encima trabaje en casa es sobrevivir a este fatídico mes. Creo sinceramente, que si se sobrevive a julio con los niños en casa sin acabar siendo adicto al alprazolam ya seremos capaces de sobrevivir a casi todos los obstáculos que la vida nos depare, al menos profesionales.

Y es que la que no logro entenderme soy yo misma… En junio estaba deseando que llegase julio. Pensaba idílicamente que mis niñitas y yo tendríamos días ideales. Podríamos dormir hasta tarde, cosa que durante el curso escolar se nos niega a golpe de despertador. Nos despertaríamos plácidamente y pasaríamos días de lectura y piscina mientras, con cara de extrema felicidad veríamos llegar el mes de agosto en el que su padre empieza sus vacaciones y podríamos escaparnos, con suerte, a un sitio baratito y que encima, admitan perro.

Pero llegó julio, y con él la cruda realidad… Lo de levantarnos tarde… ¡¡Objetivo cumplido!!  Hace tanto calor durante el día que es imposible meterse en la cama antes de la una de la noche… Y una vez te metes en ella das vueltas, y vueltas, y más vueltas mientras sudas tal cual cerdito en cochiquera. Eso sin contar, que para no molestar con la luz encendida al cónyuge, que milagrosamente cae inconsciente cuando huele la almohada,  acabamos la noche leyendo chorrada tras chorrada en muros de Facebook de personas que francamente, nos importan un pimiento. No digo todas, pero sí la mayoría de ellas. Y eso que el pimiento me importa… Indispensable en el salmorejo que tantas comidas me salva, sobre todo en verano. Pero los muros no, eso no me importa nada. Total, que al final logras cerrar los ojos… Hasta que te despiertas de nuevo al ritmo del camión de turno con el pelo pegado en cara por el sudor como un perrete mojado en primavera… Suerte la del perrete… La lluvia en primavera está fresquita… Mi sudor me da asco. Me deprime mucho sudar porque me doy mucho asco.

Lo de leer… Ay lo de leer… ¡¡El segundo objetivo!!

Existe una cosa a este respecto de lo que sí me siento muy orgullosa, he conseguido despertar el amor por la lectura de una niña de ocho años. Por casualidad y por marketing hemos descubierto una serie de libros juveniles que devora con avidez. Lee a todas horas, de día y de noche. ¡¡Bravo!!

Ahora, el problema… Mi otra hija tiene siete años… A esta la lectura le importa un pimiento, no… ¡¡Un huevo de pato!! Tendremos que seguir probando libros a ver si toca la flauta y encontramos un filón como con la hermana.

Ahora yo… Me imaginaba tardes plácidas de piscina, con las niñas correteando medio en bolas y yo en una hamaca con mi libro fetiche del verano. Y lo que realmente tengo son dos cosas: Por la mañana sentimiento de culpa porque me levanto tarde y no tengo tiempo de nada… Apenas de alimentar a mi prole, arreglar a los innumerables habitantes del reino animal que invaden nuestra casa y hacer la comida. No tengo tiempo ni de leer, ni de escribir, ni de crear, ni de nada… Me estreso. Sin más. Y aumentan vertiginosamente mis ganas de fumar al ritmo que aumenta mi ansiedad… Sin contar que cuando araño diez miserables minutos para centrarme siempre hay un vocecita detrás de mi recordándome que soy madre en estéreo.

  • ¡Mamá! No me deja leer…
  • ¡Mamá! No quiere jugar conmigo…
  • ¡Mamá! ¿Iremos esta tarde a la piscina?
  • ¡Mamá! ¡Mamá! ¡¡¡¡¡¡¡Mamá!!!!!!!!!

Y a mamá se le hace una bola en el estómago que no sube ni baja, está ahí, estática… Esperando que pase julio. El ansiado julio que ya ha venido.

Y las tardes plácidas de piscina que yo me imaginaba… Aaaaains, como me traicionó el subconsciente…

Las tardes de piscina, en piscina pública son muuuuy estresantes. Decenas de personas hacinadas en charcas intentando buscar un huequecillo para hacer que el verano sea verano. Aunque sea baratito.

Sólo puedes tener ojos para vigilar que un saco de hormonas de quince años no aplaste a tu pececito de siete que con trabajo se aguanta en el agua.

Y el libro te lo llevas, por si tienes un ratito tranquilo para leer… Al fin y al cabo, la esperanza es lo último que se pierde. Y si no paciencia… Julio acabará como todos los meses y el resto de meses volveremos a desear que sean julio, aunque sea sólo para levantarse tarde.

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